Alegría por una muerte
Pinochet ingresado por un posible infarto cerebral
Parece que de momento está fuera de peligro, así que borren la sonrisa de sus rostros.
La sonrisa. Perfecta metáfora. El delicado estado de salud del ex dictador Augusto Pinochet hace que me replantée por enésima vez la misma pregunta: ¿está bien alegrarse de la muerte de un asesino o un dictador?
En principio diría que sí porque hay un peligro para la humanidad menos. Es la razón más simple. Por otro lado, hay que pensar que esa persona, por extraño que parezca, es tan humana como nosotros. También hay que ver cómo muere. No es lo mismo que Pinochet muera de un infarto cerebral que no que un hijo de un desaparecido le pegue un tiro.
Veo más motivos para alegrarme si la muerte es natural. Es como decirle a ese ser despreciable que nosotros "hemos seguido las reglas del juego", que "hemos sido legales". Él no. En cierto modo es una victoria moral. De lo contrario, alguien se habrá puesto a su altura, ya que asesinar a Pinochet también es un asesinato.
¿Qué piensan ustedes? Me gustaría que expusieran en los comentarios sus puntos de vista que seguro son diferentes a los míos. Aquí se brindó por la muerte de Franco; podría ser un buen punto de partida. Para futuros muertos con champán están Fidel Castro y Saddam Hussein, aunque quizás este último sea ejecutado.