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09/11/05
17:48:16

Altamira y el poder de la sociedad

Categoria: Historia — autor: Guillermo Pérez


Rafael Altamira, con su libro Psicología del pueblo español, me ha dejado impresionado, y eso que sólo me lo he leído muy por encima. Me gustaría compartir con vosotros las reflexiones del autor sobre el llamado problema de España, ya que creo que algunas son muy actuales y nos pueden servir para entender ciertas cosas.

Parte de la obra de Rafael Altamira se inscribe dentro del Regeneracionismo, un movimiento político e intelectual que surgió a raíz de la pérdida de las últimas posesiones coloniales españolas en 1898. Esos episodios provocaron una especie de crisis de conciencia que hizo que muchos autores se plantearan las razones de la decadencia de España, que en poco menos de un siglo había pasado de Imperio a Nación, o ni siquiera esto último.

Altamira sostiene que el pesimismo es el verdadero problema de los españoles. La pérdida de Cuba y Filipinas significó la desaparición de España en el plano internacional. A ese pesimismo generalizado contribuyó de manera determinante la llamada leyenda negra creada por Francia e Inglaterra que describía a España como un país atrasado y bárbaro. Por ejemplo, de esa leyenda nace la famosa frase África empieza después de los Pirineos. Esta concepción que tenían los extranjeros de los españoles fue calando poco a poco, según Altamira, en la conciencia de los ciudadanos.

La consecuencia de este pesimismo es la falta de patriotismo, que se acentúa por la aparición de los nacionalismos periféricos. Altamira entiende que, por ejemplo, un catalán nunca podrá eliminar los rasgos espirituales que le identifican como español. Volviendo al tema del pesimismo, es evidente que hay una carencia de estimación de lo propio. Altamira también denuncia que se carece del sentido del interés común, entendido como la cooperación necesaria entre los patriotas para hacer progresar a la nación.

Existe también un alejamiento entre las cuestiones de fondo y las cuestiones de forma. Altamira recuerda que muchos de los logros del siglo XIX -Constitución, derechos individuales, etc.- se realizaron sin tener un objetivo claro. De nada sirve realizar reformas "desde arriba" (desde el gobierno) si la sociedad continúa inmóvil. Piensa que es más importante desarrollar el ferrocarril que reformar la administración. Existe, por tanto, una evidente separación entre la política y la sociedad.

Por último, Altamira, como intelectual que es, denuncia que no se tome en cuenta el saber para la vida práctica y lo ilustra con un ejemplo tópico pero clarificador: A la hora de montar un negocio, un alemán o un inglés contratará a gente cualificada y preparada. En el caso español, a menudo se recurre a familiares o amigos que no tienen nignuna preparación. Y es más, se piensa que todo el mundo puede hacer cualquier trabajo. Se ignora el valor real del saber.

¿Cómo solucionar estas carencias? Altamira es claro: es necesario un proyecto educativo nacional con dos objetivos bien definidos:

- Recuperar el crédito de nuestra historia ensalzando los logros de la cultura española: obras literarias, tarea colonizadora en América, importancia de personajes cumbre en la historia de la humanidad como San Isidoro de Sevilla, etc. Sólo así se conseguirá desterrar el pesimismo.

- Contribuir a la modernización de la población: si se eduda a toda la sociedad (hace hicapié en los obreros y campesinos que, recuerda, constituyen la mayoría de la población) se conseguirá que vaya por delante del Estado. La masa debe adelantarse a los políticos. Una sociedad más preparada y capacitada conducirá a la nación al progreso y a la modernización casi de forma automática. Tal es la importancia que para Altamira tiene la educación que pide para ella la mayor dotación presupuestaria. Por tanto, la regeneración, lejos de ser política, debe ser nacional y empezar "desde abajo". En su proyecto educativo le da una especial importancia a la Universidad, que debe estar en contacto con los sectores menos instruidos. La llamada "extensión universitaria" tiene como finalidad acercar el saber y ayudar a esa regeneración nacional: conferencias para obreros, excursiones... En definitiva: se trata de tutelar y guiar la educación de los obreros dando a todo el mundo las mismas oportunidades de salida. Luego cada uno ocupará el lugar que le corresponde en la sociedad de acuerdo con su valía.


Así es como he entendido yo parte del pensamiento de Altamira. Valoro muy positivamente que un intelectual como él dijera que los intelectuales tienen el deber de acercar el saber al pueblo. De esta forma renunció a entrar a esa esfera de cristal reservada para los pensadores y alejada de la sociedad, algo que ha hecho que el término intelectual tenga, en ocasiones, una carga peyorativa importante.

No sé si algún día llegaré a ser un intelectual, pero lo que sí puedo afirmar es que jamás me negaré a compartir mis conocimientos con los demás. Me gusta la idea de que el colectivo social puede cambiar las cosas y hacer progresar a su país/estado/nación, porque, ¿quién si no es el sujeto de toda esta historia? Nosotros. El Estado no habla, no escribe, no piensa, no se queja... No es nada sin los millones de sujetos que lo forman.

Gracias, Altamira.

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