Elecciones preparadas
Quizás pocos sepan cómo funcionaban las elecciones durante la etapa de la Restauración monárquica (1875-1898 para algunos autores, aunque para utilizaremos la periodización larga: 1875-1923)
Cuando se producía una crisis en el gobierno -a menudo producida por conflictos internos- el Rey llamaba al jefe de la oposición para que formara gobierno. Una vez formado, disolvía las Cortes y convocaba unas elecciones que tenía que ganar. Utilizando diversos medios se conseguía este objetivo y el nuevo gobierno empezaba la legislatura. Como veis, es justo lo contrario que ahora: se disuelven las Cortes, convocatoria de elecciones y el Rey encarga (formalmente) al partido ganador la formación de un nuevo gobierno.
¿Qué mecanismos utilizaban para ganar las elecciones?
Hay muchos y muy variados. El más extendido era la práctica caciquil o el caciquismo. Cada partido tiene un jefe local en una ciudad o zona rural. Este señor tiene una gran influencia entre los habitantes del lugar y mediante concesiones, promesas o compra de votos consigue los votos "pedidos" por el Ministerio de la Gobernación. Un ejemplo:
El señor Pérez es el cacique de la zona y tiene que conseguir un diputado para el Partido Conservador. Previamente se ha asegurado que su hijo ocupará un puesto de funcionario, así se lo ha prometido el presidente de la Diputación Provincial. Con la mayoría de los pueblos lo tiene fácil: sólo con prometerles la construcción de carreteras o de un hospital se asegura los votos favorables. Pero por si acaso sale algo mal, ha eliminado del censo a los elementos que él considere peligrosos. En último término sabe que puede darle la vuelta a las papeletas, esto es, "el pucherazo"
Lo he explicado muy esquemáticamente, pero así espero que se entienda bien. De lo que se trataba es de organizar una compleja red de intereses que facilitaran la mayoría de un determinado partido. Hay que decir también que los dos partidos dinásticos -es decir, los que aceptaban esta práctica-, el liberal y el conservador, se turnaban y cada vez que había elecciones le tocaba a uno ostentar el poder.
Esta práctica se mantuvo hasta 1923 (año de inicio de la dictadura de Primo de Rivera), aunque se puede decir que desde principios de siglo el sistema mostraba claros signos de debilidad: cada vez es más difícil contentar a todos los intermediarios y el peso del voto regionalista, sobre todo en Cataluña, y el triunfo cualitativo de los republicanos en las grandes ciudades hizo que el turnismo desapareciera de determinadas zonas.