Para un Ferrari
Un mendigo en La Esplanada de Alicante. Está leyendo un libro, tan tranquilo. Delante de él, una lata para recoger las monedas y un cartel de cartón con letras azules: PARA UN FERRARI.
Lo veo de pasada y no me lo creo: ¡ese hombre es un genio!, exclamo en mi interior. Vuelvo a mirar y pone lo mismo. ¿Para qué tanto publicista si este mendigo barbudo y con el pelo largo ha conseguido captar mi atención tan rápidamente? No sé la razón, pero no he dado muchas limosnas en mi vida, quizás por miedo a ser engañado. "Dame dinero 'pa' comer" y luego se lo gasta en tabaco. "No tengo casa", y luego resulta que tiene un techo -digno o indigno es otra cosa-. Es evidente que este hombre me ha engañado (no se va a comprar un Ferrari), pero en aquel cartel había mucho más que 13 letras azules: era el anhelo de un sueño. Sí, los mendigos, los "sin techo", los apartados de la sociedad, también sueñan.
Por esa demostración de humanidad y, por qué no, de finísima ironía, me he dado la vuelta para darle una moneda de 20 céntimos. El hombre, que estaba absorto en la lectura, ha bajado el libro y me ha dado las gracias mientras me miraba con cara de incredulidad. No se podía creer que su genial reclamo hubiera funcionado.