Vida narrada 1
Diciembre de 2002. Sábado. Estoy en la ducha y hace mucho frío. El aire helado que entra por la rejilla -soy idiota: no la he cerrado- deja insensibles mis manos y pies. Conecto el agua caliente. Me quemo y mis rodillas adquieren un color rojo, como el de las mejillas sonrojadas. Cierro el agua y de paso ahorro unos cuantos litros, que hace falta. Vuelvo a tener frío y noto que mi cerebro se congela lentamente.
De repente se me ocurre. ¿Por qué no? En clase hay una que me mira raro. Quiero decir... que me mira de una forma distinta. Siempre que hablo con ella me mira con cara de extrañeza y asombro. ¿Por qué lo hace? No he hablado mucho con ella, pero parece simpática. Hace tiempo que no me miran a los ojos y eso siempre se agradece. ¿Y si me gusta? No, imposible. Cuando me gusta una chica suelo hacer tonterías -ninguna sale bien- y a esa fase todavía no he llegado.
He terminado de enjabonarme. Ahora estoy tiritando de frío y me entran ganas de abrir el agua helada. Quiero saber qué pasaría. ¿Me moriría? ¿Por qué siempre pienso en la muerte? Quizás porque me gusta el humor negro, como el de Mortadelo y Filemón.
Están haciendo la película en el Calderón, tengo que ir. No me perdería a mis ídolos de siempre en carne y hueso. ¿Será lo mismo? ¿Me decepcionará? ¡Agua caliente! Me quemo de nuevo las rodillas, están ardiendo, pero me da igual. ¿Qué estará haciendo ella? Seguro que algo más interesante. O no. Tal vez le apetezca... No. Yo nunca he invitado a una chica al cine, eso sólo pasa en las series y en las películas.
El puto frío me está engarrotando los huesos y el agua caliente quemará dentro de poco los pelos de las piernas. No tengo huevos. Además, seguro que me dice que no y quedo como un capullo. Y hace mucho frío, como ahora que la cascada de agua ha cesado. Se acabó la ducha y mis rodillas están quemando. Toco la piel y está seca y muy áspera. Vaya mierda.
Mientras me seco con la toalla marrón -que está en casa por lo menos desde que nací- veo mi móvil. ¿Qué coño hace ahí? A punto de salir para vestirme e irme a ver la gran aventura de Mortadelo y Filemón me doy cuenta: así no conseguiré nada. Sin pensar -que es algo que se me da muy mal- le escribo un SMS y le doy a enviar. Ya está hecho, que piense lo que quiera.
No sé por qué, pero sigo en el cuarto de baño, con mi albornoz con los colores del Alcoyano. Sigue haciendo mucho frío y estoy muy nervioso. Si me dice que sí estoy por contárselo a mis padres. Suena el móvil, tengo un mensaje nuevo, es ella. Me río porque no quiero leerlo, quiero disfrutar de la incertidumbre antes de darme de bruces con la realidad.
"Lo siento, pero no puedo. Tengo mucho para estudiar, pero muchas gracias. A la próxima".
Me visto más o menos bien y me voy al cine sólo. Por el camino no pienso en nada y al rato me doy cuenta de que están cayendo copos de nieve que se recrean en el vacío. Son pocos y parece que no quieran bajar. Entro en el cine.
Salgo. La película ha estado bien, pero no me he enterado mucho del argumento. Será porque he vuelto a pensar. En el pasillo de salida me doy cuenta de que algo pasa: no es normal tanto silencio. Salgo por la puerta y al principio no reacciono. No veo que la plaza de España está cubierta por un manto precioso de nieve. Y las calles, y el Ayuntamiento... Con mucha cautela cruzo la calle, no quiero meterme una hostia, aunque reconozco que tendría su gracia. No puedo cerrar la boca. Es mi forma de expresar la alegria que tengo, me gusta tanto la nieve... Es imposible pensar en algo si todo lo que ves está en silencio, calmado. Me da por pensar que la nieve hace mejores a las personas. Y ahí está.
Es ella que sube por la Avenida del Pais Valencià. Nos cruzamos y la saludo. Parece un poco cohibida, incluso asustada, como si tuviera cargo de conciencia. Y no sé por qué. Está acompañada por un chico al que conozco de vista. Hablamos un poco de la nieve y seguimos nuestro camino. No me ha dicho nada sobre el cine y yo tampoco.
Después de resbalarme unas 20 veces llego a casa sano y salvo. Les explico emocionado a mis padres que cuando salí del cine lo vi todo nevado. Impresionante. Como estoy agotado -la nieve es mágica, pero cansa- me voy a dormir. Ahí me doy cuenta que era realmente ella, que me ha mentido. Pero he recordado que no tenía la boca abierta, no era feliz con la nieve. No se lo merece, no me merece. Me voy a dormir.
-----
¡¿Pero esto qué es?! Una nueva sección. Me apetece contar algunos momentos de mi vida y creo que la mejor forma para hacerlo es escribir algo aparentemente serio pero totalmente real.