Ser algo de verdad
Esta mañana me han abierto los ojos. He comprendido, por fin, uno de los secretos que nos esconde la vida: ¿Cuándo sabes que eres algo? Mercedes, aunque no lo ha dicho así, ha dado en el clavo:
Ser escritora no implica necesariamente escribir. Es una forma de ser, de entender la vida y de vivirla.
Es decir, que si tienes un atributo después del verbo ser -futbolista, ciclista, empresario, vividor, gilipollas...- y sabes utilizarlo sin chutar un balón, montar en bici, dirigir una empresa, vivir la vida o hacer el gilipollas; entonces eres realmente lo que eres, un algo de verdad.
¿De qué nos sirve un estudiante de periodismo si sólo ejerce como tal en la Universidad? Seguro que si hace eso no prestará atención a las noticias del día.
¿Y un político que sólo se preocupa por su intervención en el Congreso? Difícilmente conectará con la gente si se deja su atributo colgado en la percha de su casa.
Mientras daba vueltas a la reflexión de mi amiga, he pensado un momento en mí. ¿Qué soy? ¿Cuál es mi atributo? Tras dudar un poco, creo tener la respuesta:
Soy un blogger (también aceptamos bloguer o "ese tío que escribe en un diario público") ¿Por qué? Antes de aterrizar en la blogosfera ya lo vinculaba todo: por ejemplo, a la hora de estudiar, siempre me ha gustado enlazar un tema con otro, este personaje con aquel... Por eso nunca estudio los apuntes de forma ordenada. Además, soy un defensor la conversación, me encanta debatir y disfruto como un enano recogiendo distintos puntos de vista. Eso es, en esencia, el mundo de los blogs, y eso es lo que hago hace años la mayor parte de mi tiempo.
Y es curioso observar que esto de los atributos sin herramienta funciona. No le he pedido permiso, pero voy a contaros una pequeña discusión que hemos tenido esta mañana [entiéndase discusión como intercambio de puntos de vista, no de insultos o de golpes
Estábamos hablando de este post. Le he preguntado cómo le sentaría si alguien le corrigiera un texto por un error gramatical u ortográfico. La conversación ha ido fluyendo hasta que ha dicho que en todo caso sería un error del corrector de la editorial más que del escritor. Como no estaba de acuerdo, me han entrado ganas de discutir: para mí, los errores que comete el escritor al redactar son sólo suyos. Es cierto que el corrector está para evitar que esos posibles errores se reproduzcan en el acabado final, es decir, en el libro. Por tanto, creo que el fallo es de los dos, pero el culpable último de esa situación sigue siendo el escritor.
Como veis, ella ha ejercido de escritora sin tener papel, boli u ordenador. Por mi parte, he disentido de su opinión y he vinculado (unido) los errores del escritor y el corrector sin tener el botón "guardar" a la vista.
Y ahora viene la pregunta estúpida: ¿ser blogger es una forma de entender la vida? O mejor: ¿para qué coño sirve un blogger?