Nadie obliga a nadie
Estaba mirando posts antiguos y me he encontrado con éste. Echadle un vistazo y ahora continúo.
En 1932 el gobierno de la II República permitió el divorcio y los matrimonios civiles. La Iglesia y los sectores más conservadores pusieron -nunca mejor dicho- el grito en el cielo y protestaron enérgicamente, pero lo cierto es que muy pocos ciudadanos ejercieron alguno de los dos nuevos derechos.
Pasó igual que con las bodas gays: nadie obligaba en 1932 -y tampoco en 2006- a casarse fuera de la casa de Dios o a divorciarse. Es así de simple.
Más tarde, con el restablecimiento de la democracia, volvió a permitirse y los diputados conservadores de AP -el precedente del PP- pusieron el grito del cielo. Se dice que Álvarez Cascos no estaba muy de acuerdo con esa ley y creo que ya va por su cuarto matrimonio.