La Enciclopedia VOX
Cuando tenía cinco años mis padres compraron la Enciclopedia VOX, un pretendido compendio del saber dividido en once tomos temáticos: Ciencias Naturales, Física y Química, Geografía, Historia de la Cultura y de las Ciencias, Historia, Lengua, Literatura, Matemáticas, Matemáticas Estadísticas, Nuevas Tecnologías Informática, Técnicas de estudio Orientación profesional Ejercicios.
1990 no fue un buen año para las enciclopedias. Tampoco para la VOX. El Fin de la Historia formulado por Fukuyama un año antes anticipaba una época de mierda en la que sólo valdrá creer que no hay que creer en nada ¿Para qué, entonces, las enciclopedias? Pero eso no es lo peor: unos alemanes comunistas, cabreados porque su selección nacional no había conseguido nada en 40 años, decidieron unirse a sus hermanos capitalistas para poder celebrar la victoria en un Mundial. Nunca lo dirán los libros de historia, pero sólo la magia de Lothar Matthäus hizo posible la caída de un muro lleno de graffittis.
Después del Mundial se produjo la desintegración de la URSS, ese simpático conglomerado de repúblicas marxistas-leninistas (o socialistas, es lo mismo) que nunca ganará un Mundial. De la teórica nada surgió un chorro de naciones acabadas en -stan e -ia que todavía hoy nos cuesta colocar en un mapa de Eurasia ¿Para qué sirve tener un tomo, el de Geografía, en el que aparece la URSS en todo su esplendor? Incluso creo recordar que aparece una foto de la emblemática plaza roja. Pero es que aún hay más:
Un par de añitos después empezó la primera guerra que recuerdo, la de Yugoslavia. Como me tragaba todos los telediarios pude hacer una división totalmente maniquea de los contendientes: Serbia era la mala; Croacia, la buena; y Bosnia, la pobre. Eslovenia y Macedonia consiguieron escapar a tiempo. Total, que aparte de los muertos que causó esa guerra, nacieron, también de la teórica nada, otros cinco países. La enciclopedia volvía a estar obsoleta.
Los de la VOX fueron listos y nos enviaron, hasta el año 1995, un bloc de anillas en el que ibamos poniendo las actualizaciones, unas hojas en las que el tipo que escribe las enciclopedias escribía todo lo relevante ocurrido en un año, incluidas las fichas con los nuevos países, con su banderita y todo.
Y tal fue por eso -por las banderitas y los nuevos países- que me aficioné a leer la enciclopedia. Quise saber qué era eso de la URSS y no entendía muy bien por qué existía, y existe, un país llamado Turkmenistán, pero me gustaba leer una y otra vez la escasa información que me proporcionaba la VOX.
A mis padres les engatusaron, porque el vendedor les dijo que en dos años empezaría a usarla, es decir, a los siete años. En parte no se equivocó el tío, porque empecé a usarla a los siete años... después, es decir, cuando tenía doce. No les culpo, más bien todo lo contrario. La enciclopedia está completamente obsoleta y apenas sirve para nada. Y por supuesto que las de mis amigos eran mucho mejores, y más caras, pero seguro que nadie la ha manoseado tanto como yo. Estoy convencido de que, si no es por la VOX, yo no sería lo que soy ahora ni por asomo. Esa enciclopedia me abrió las puertas al mundo de la sabiduría, y le estoy tremendamente agradecido.
yimblesp — 2007-11-12 13:41:02