Dobladores
¿Pero por qué sigo yo prefiriendo ver cosas dobladas sabiendo inglés y, sobre todo, sabiendo el truco? Hay dos razones para ello. La primera es que aprecio demasiado la imagen como para soportar los subtítulos. Hay algún teórico de la imagen que no está de acuerdo conmigo, vale. Pero como montador y (esporádico y malo) director de fotografía no he sido capaz de disfrutar nunca de una película en versión subtitulada en toda su extensión. Para que se entienda lo que quiero decir hay que poner una peli en la tele y encender el teletexto para sordos, la página de los subtítulos. Está en tu idioma y mancha, destruye demasiada imagen. Y aunque el del cine y el dvd sólo destruyan un poco, desvían la atención y rompen cualquier sentimiento que pretenda dar el director de la película a través de la estética y los puntos de interés. Antes la veo sin subtítulos, aunque mi inglés no sea perfecto. Me pierdo menos. Los subtítulos me parecen unos ruedines deplorables.
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Después de leer este largo (pero interesante) alegato a favor del doblaje -del buen doblaje, para entendernos-, he vuelto a creer en ese extenso grupo de actores que nos ponen las cosas más fáciles cuando queremos ver una serie o una película extranjera como si fuera de aquí. Pero jamás perdonaré a los que consintieron que Carlos Latre doblara a Garfield en "Garfield". Claro que Latre no es un doblador, sino un intruso profesional como muchísimos otros que aprovechan la película de dibujos animados de turno para autopromocionarse y de paso estropearla sin remedio.