Hotel Rwanda
En una guerra -da igual que sea por motivos ideológicos, culturales o étnicos- la población civil que no toma partido por ningún bando es la que siempre se lleva la peor parte. Esa es, probablemente, la moraleja que se puede extraer de Hotel Rwanda, la típica película independiente, con escaso presupuesto, pero que consigue hacerse un nombre en la cartelera internacional.
Con el conflicto entre hutus y tutsis de fondo, la película cuenta las peripecias y piruetas que tuvo que hacer un gerente de un hotel de lujo para hospedar en él a refugiados hutus y tutsis que nada tenían que ver con el lío que acababa de estallar entre las dos etnias del país. A lo largo de las casi dos horas de metraje, se pueden ver detalles interesantes: por ejemplo, la utilización indiscriminada del soborno, auténtico mal endémico en los países más pobres de África (y Asia); la artificiosa separación entre hutus y tutsis (ni entre ellos mismos se reconocen); el papel que jugó La Radio de las Mil Colinas para provocar en miles de hutus el odio contra los tutsis, la vergonzosa evacuación de los cascos azules y el resto de occidentales y, sobre todo, el olvido de África. Tal vez estas simples preguntas ayuden a comprender la soledad internacional que tuvo que sufrir este país: ¿Dónde está Ruanda? En África. ¿Y Dónde está África? ¿Qué es África para los occidentales?
Nada.